
Imagina esto: abres los ojos una mañana y algo se siente distinto. Hay un pitido molesto en uno de tus oídos y, cuando intentas escuchar, todo suena apagado, como si tuvieras algodón adentro. Si esto te ha pasado, o le ha pasado a alguien cercano, no es algo para tomar a la ligera.
Ese pitido (lo que en medicina llamamos tinnitus) junto con la sensación de escuchar menos pueden ser señales de que algo no anda bien con tu audición. Y aunque suene alarmante, ponerle nombre y actuar rápido es justamente lo que hace la diferencia.
¿De qué estamos hablando?
La causa detrás de estos síntomas suele ser una condición cada vez más frecuente en nuestra consulta: la pérdida auditiva neurosensorial súbita, también conocida como sordera súbita idiopática. Se le considera una emergencia médica, y no es para menos: según el consenso español más reciente sobre el tema, hasta el 90% de los pacientes presenta pitidos en el oído, y entre un 20% y un 60% siente mareos asociados, un síntoma que suele indicar un pronóstico menos favorable (Herrera et al., 2019).
En términos simples, se habla de sordera súbita cuando una persona pierde más de 30 decibeles de audición, en al menos tres frecuencias distintas, en menos de 72 horas. La mayoría de las veces afecta un solo oído (solo el 3% de los casos son bilaterales), y aunque puede presentarse a cualquier edad, es más común entre los 40 y los 55 años (Herrera et al., 2019).
¿Por qué pasa esto?
Aquí viene lo interesante: todavía no se sabe con certeza. Los especialistas no han logrado identificar una causa única, y de hecho no hay diferencias claras entre hombres y mujeres en cuanto a quien la padece con mayor incidencia. Algunas investigaciones apuntan a factores como una dieta pobre en vegetales, niveles bajos de folato, síndrome metabólico o infecciones crónicas del oído medio como posibles factores de riesgo, aunque la evidencia todavía genera debate (Herrera et al., 2019).
¿Qué hacer si sospechas que te está pasando?
Lo primero, y más importante, es no esperar. Cuanto antes se busque atención especializada, mejores son las probabilidades de recuperación.
En la consulta, el proceso normalmente empieza con una revisión sencilla: una otoscopia (para ver el oído por dentro) y pruebas con diapasón, que ayudan a descartar causas más simples, como un tapón de cerumen o una infección. También se hace una evaluación neurológica básica, ya que en casos poco frecuentes un problema vascular puede simular los mismos síntomas. Una vez descartadas esas causas, el paso siguiente es acudir de forma urgente con el especialista en otorrinolaringología para confirmar el diagnóstico (Herrera et al., 2019).
Las pruebas que realmente confirman una sordera súbita neurosensorial son tres: la audiometría tonal, la audiometría verbal y el timpanograma. Son sencillas, no invasivas, y dan información clave para decidir el tratamiento (Herrera et al., 2019).
El tiempo es determinante
Aquí está uno de los puntos que más nos gusta remarcar a quienes trabajamos en audiología: el tratamiento con medicación debe iniciarse dentro de los primeros 45 días desde que comenzaron los síntomas. Pasado ese margen, cada caso se evalúa de forma individual, pero las posibilidades de una recuperación completa disminuyen (Herrera et al., 2019).
Por eso, si un día amaneces con esa combinación de pitido y audición reducida, no lo dejes pasar pensando que “ya se me quitará”. Entre antes se actúe, mejor pronóstico.
¿Y después del tratamiento?
El seguimiento no termina cuando se controla el episodio agudo. Los especialistas recomiendan repetir la audiometría tonal y verbal para monitorear la evolución, y hacer un control al año para descartar que el problema vuelva a aparecer o que se desarrolle una enfermedad relacionada, como la enfermedad de Ménière (Herrera et al., 2019).
Y si, después de todo el tratamiento, la audición no logra recuperarse lo suficiente como para que la persona escuche con normalidad en su día a día, ahí es donde entra la opción de un audífono médico. La decisión de usarlo no es automática: se evalúa de forma individual, tomando en cuenta el grado de pérdida auditiva y las necesidades particulares de comunicación de cada paciente (Herrera et al., 2019).
En resumen
Un pitido nuevo en el oído junto con una caída repentina en la audición no es algo que deba esperar. Es una señal de alerta que merece atención médica urgente, idealmente dentro de las primeras horas o días. La buena noticia es que, con un diagnóstico oportuno y el tratamiento adecuado, muchas personas logran recuperar total o parcialmente su audición.
Si tú o alguien que conoces está pasando por esto, no lo dejes para después. Acude con un especialista en otorrinolaringología u audiología lo antes posible.
Referencia
Herrera, M., García Berrocal, J. R., García Arumí, A., Lavilla, M. J., Plaza, G., y Grupo de Trabajo de la Comisión de Audiología de la SEORL. (2019). Actualización sobre el consenso en el diagnóstico y tratamiento de pérdida auditiva neurosensorial súbita idiopática. Acta Otorrinolaringológica Española, 70(5), 290–300.


